Es indudable que el avance de la tecnología en la última década ha cambiado nuestra forma de ver las cosas y actuar. Hoy, pocos son los atrevidos que salen de su casa sin el teléfono móvil (somos el país europeo que más smartphones tiene, y hay poca gente que no use cotidianamente Internet. Los cambios a mejor que ha supuesto esta revolución tecnológica son cuantiosos: inmediatez, interacción, acceso a más información, rapidez, diversificación de tareas... Todos estos avances podemos observarlos en nuestra vida cotidiana y profesional. Así pues, ¿por qué no llevarlos al aula?
Los estudiantes de hoy en día ya son nativos de Internet, es decir, nacieron cuando ya existía la red de redes, y ven su uso como algo tan cotidiano como ver la televisión. A diferencia de sus padres o profesores, no han requerido una curva de aprendizaje para desenvolverse con los nuevos aparatos: ven estos dispositivos de la misma forma que nosotros veíamos comprar el periódico o ver una película en el vídeo. Esto es una ventaja que podemos (y debemos) aprovechar en el aula para así potenciar el rendimiento de los niños.
Algunos países de nuestro entorno ya han implantado el uso de las tablets en el aula, algunos incluso sustituyendo por completo el clásico lápiz y papel. Pero también en España ya existen centros pioneros que han introducido las tablets como herramienta de trabajo escolar y como método de estudio en casa. Muchos han sido ya los ensayos y estudios sobre el uso de las tables en el ámbito escolar, y prácticamente todos han sido positivos, si bien tampoco podemos ocultar las dificultades que supone adoptar las tablets en el aula. Pero, a pesar de ellas, debemos dar un pase adelante para que las nuevas tecnologías sean parte importante en el día a día de la docencia, pues no olvidemos que estamos educando a unas generaciones que trabajarán en oficios que, a día de hoy, aún no existen, pero que precisarán del progreso tecnológico más reciente.

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